El temor a hechos de inseguridad y problemas logísticos para el partido ante Boca por la Copa Libertadores derivaron en una contundente decisión de Universidad Católica. Es que el conjunto chileno emitió un comunicado con el que informó que, ante la presencia de público visitante, no venderá entradas y sólamente podrán asistir personas abonadas o con tickets transferidos.
La determinación surge tras la obligación de Conmebol de otorgar 2000 lugares para la hinchada visitante, lo que alteró la logística habitual del estadio. Frente a este escenario, la dirigencia entendió que era necesario limitar el acceso para evitar complicaciones operativas.
El presidente Juan Tagle ya había anticipado posibles cambios y cuestionó la medida del ente sudamericano, que obliga a reubicar a parte de los socios. “Esto nos obliga a que algunos abonados, especialmente del sector Prieto Alto, tengan que ser reubicados, algunos en Fouillioux, otros en Livingstone y algunos en Prieto Bajo, considerando que la ubicación de Prieto Bajo es una que tiene un costo menor que la de Prieto Alto, de alguna manera también ofreceremos compensación económica”.
En términos de capacidad, el escenario quedará cerca del límite permitido, aunque con ajustes. El estadio cuenta con 20 mil lugares, de los cuales 14 mil pertenecen a abonados, mientras que se suman 2000 entradas protocolares y las destinadas al público visitante.
Además, se implementarán los llamados “colchones vacíos” para separar parcialidades, una práctica habitual en Chile que implica dejar sectores sin ocupar. Esta disposición reduce aún más la disponibilidad de asientos y complica la venta tradicional.
La organización del evento también contempla un refuerzo en los controles de seguridad, con mayor presencia de vallados y agentes equipados con cámaras corporales que transmitirán en tiempo real lo que suceda dentro del estadio.
Fuente: TyC Sports



